Es verano, el calor sofocante. El tiempo se alarga cada minuto, afuera se ven los autos, todos con prisa; es mas de medio día el aire entra caliente, mese los columpios, los árboles. Dentro parece quemarse con el calor que entra por las ventanas. Yo pensando en la nada, mientras todos a un mismo tiempo bostezamos. No se sienten ya los aires y todo nos preguntamos cuanto más debemos soportar dentro de la fonda. A todos nos duele la cabeza, no sabemos si es el calor o el tedio de esperar a que den las tres de la tarde, hora de salir, y terminar otro día de trabajo.
Mi mente vuela del lugar, desesperada por encontrar algo mas en que entretenerme, es el pasado el que invade mi mente. Aquel verano de hace pocos meses, con su calor intenso bajo el cual caminamos juntos para que me rompieras el corazón, que regrese sola y llorando a casa; ese mismo calor corre en este tiempo exactamente igual, y es por coincidencia la misma hora del día. Tus palabras absurdas resuenan en mi mente con un eco ensordecedor, se que los demás hablan pero yo solo puedo escucharte a ti.
Recuerdo haber tenido que soportar el llanto de camino a casa, aquel camino que me pareció mas largo que de costumbre, aun recuerdo romper una de tus cartas, el sonido del papel, y la serpiente del dolor enroscada en mi garganta. Parecía, con aquel calo, que todo mi cuerpo quería llorar.
El tiempo sigue pasando con esa lentitud de aquel verano, la que provoca el sol.
Recuerdo haber abierto la puerta con todas mis fuerzas, dejando la entra de mi casa a tras, aventar la bolsa como quien arroja un animal ponzoñoso, llegar a mi cuarto y casi romper la puerta al cerrar.
Recuerdo que mi llanto se desbordo, como la lluvia en otoño, se convertía en un mar encima de las amarillas sabanas de mi cama. Mi madre preguntando algo y yo gritándole que me dejara en paz, sentí el calor aprisionando mi pecho y haciendo arder más fuertemente el dolor de mi corazón. Alguien abrió la puerta y por ella regreso mi mente, las lagrimas rodaron por mi rostro, mientras veo como los otros ven una pequeña oruga tan amarilla como la arena que se encontró en mi camino. Una hora más a pasado, falta poco para salir y caminar como cada tarde, bajo el sol ardiente al cobijo de mi casa, al frío artificioso de cada día de verano.
FF
lunes, 15 de septiembre de 2008
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