Todos sabemos que los problemas existenciales de los seres humanos, la depresión, y algunos otros factores psico-espirituales pueden llevar a un adolescente o adulto al suicidio. ¿Pero esto puede aplicar a otras creaturas como los peces, en acuarios o peceras? Era algo que nunca antes me había preguntado, pero extrañamente puede pasar, como es que lo se, lo he ido comprobando a lo largo de dos años y seis peces menos en la pecera de mi casa.
Quizás no solo es el hecho de estar en cautiverio, o el de convivir con dos felinos juguetones e inquietos, que solo quieren jugar con ellos, también puede ser la sobre alimentación, la soledad, el exceso de atención y mimos, o el simple hecho de que ellos mismos dejaron de encontrar el sentido a pasarse la vida nadando en círculos.
No se que estaría pensando mi pez dorado, al cual para protección de su santa memoria, llamaremos “Nemo”, la mañana del lunes, en que después de una suculenta comida a base de hojuelas, creo yo, de pasta de otros congeniares del antes mencionado, decidió salir del mundo calmo, tranquilo, apacible y suave de el agua de su pecera; no puede decir que su ambiente sea calido, ya que hace como siete meses que no tiene luz, tuvimos que cortársela, mas que por falta de pago por necesidad de nuestra pobre visión.
Cierto es que pudiera a verlo orillado la pobre inmundicia en la que vivía, ya que hace un mes o mas que el encargado de la pecera a decidido ponerse en huelga y no limpiarla por falta de un pago digno y un seguro social decoroso que le ayude con todos esos achaques que le aquejan.
Quizás pudiera a ver sido que era muy acosado por los otros peces, ya que era el de mayores dimensiones, en todos los sentidos, y alguno pudo tenerle envidia, o a verse burlado mas de una vez del suso dicho. También pudieran a ver sido los malos consejos del pez limpiador, que para que no sufra represarías nombraremos “Sebastian”, sobre donde escomer la comida, y en que lugar podría “agandallar” la mayor cantidad de esta.
No se, también seria que su vida estaba algo vacía porque jamás había tenido la dicha de conocer a alguna dama de su especie. Y el trastorno de empezar a ver a sus compañeros de andanzas con ojos de amor, lujuria y deseo, comenzaba a “quemarle el coco” por el lado moral.
O simplemente quería encontrar a Dios de lleno, y no vio otra opción que alcanzarle en lo más alto del cielo, cosa que para un pez poco inteligente y no volador era algo casi imposible, ya que al saltar era muy seguro que al no tener una mano amiga que lo regresara a su pecera, moriría poco a poco. Pudo ser solo una penitencia auto impuesta para su beatitud entre los demás peces.
Aun que debo asegurar que con certeza nunca estaré del todo segura, ya que no me dio tiempo de preguntarle, de notar que algo en él andaba mal, o de aconsejarle que las puertas fáciles pueden no conducirnos a ningún lado, o hacerlo a un sitio poco agradable como le ocurrió a el, eso de morir asfixiado en detrás de la maceta de la nochebuena muerta desde “reyes”, debió ser para alguien con su sensibilidad algo desesperante, agónico y deprimente.
Solo espero que haya vivido, como quería vivir; haya muerto como lo deseaba, en el pleno uso de sus facultades mentales, y sea recordado como le gustara, el glotón “gandalla” de la pecera verde o el fumado mas fumado de todos los peces dorados. Por eso me he tomado la molestia de dedicar estas cuantas palabras, a mi pez dorado suicida, que podríamos ahora decir que la palabra correcta para usar en este asunto es: PECIDIO.
FF
Quizás no solo es el hecho de estar en cautiverio, o el de convivir con dos felinos juguetones e inquietos, que solo quieren jugar con ellos, también puede ser la sobre alimentación, la soledad, el exceso de atención y mimos, o el simple hecho de que ellos mismos dejaron de encontrar el sentido a pasarse la vida nadando en círculos.
No se que estaría pensando mi pez dorado, al cual para protección de su santa memoria, llamaremos “Nemo”, la mañana del lunes, en que después de una suculenta comida a base de hojuelas, creo yo, de pasta de otros congeniares del antes mencionado, decidió salir del mundo calmo, tranquilo, apacible y suave de el agua de su pecera; no puede decir que su ambiente sea calido, ya que hace como siete meses que no tiene luz, tuvimos que cortársela, mas que por falta de pago por necesidad de nuestra pobre visión.
Cierto es que pudiera a verlo orillado la pobre inmundicia en la que vivía, ya que hace un mes o mas que el encargado de la pecera a decidido ponerse en huelga y no limpiarla por falta de un pago digno y un seguro social decoroso que le ayude con todos esos achaques que le aquejan.
Quizás pudiera a ver sido que era muy acosado por los otros peces, ya que era el de mayores dimensiones, en todos los sentidos, y alguno pudo tenerle envidia, o a verse burlado mas de una vez del suso dicho. También pudieran a ver sido los malos consejos del pez limpiador, que para que no sufra represarías nombraremos “Sebastian”, sobre donde escomer la comida, y en que lugar podría “agandallar” la mayor cantidad de esta.
No se, también seria que su vida estaba algo vacía porque jamás había tenido la dicha de conocer a alguna dama de su especie. Y el trastorno de empezar a ver a sus compañeros de andanzas con ojos de amor, lujuria y deseo, comenzaba a “quemarle el coco” por el lado moral.
O simplemente quería encontrar a Dios de lleno, y no vio otra opción que alcanzarle en lo más alto del cielo, cosa que para un pez poco inteligente y no volador era algo casi imposible, ya que al saltar era muy seguro que al no tener una mano amiga que lo regresara a su pecera, moriría poco a poco. Pudo ser solo una penitencia auto impuesta para su beatitud entre los demás peces.
Aun que debo asegurar que con certeza nunca estaré del todo segura, ya que no me dio tiempo de preguntarle, de notar que algo en él andaba mal, o de aconsejarle que las puertas fáciles pueden no conducirnos a ningún lado, o hacerlo a un sitio poco agradable como le ocurrió a el, eso de morir asfixiado en detrás de la maceta de la nochebuena muerta desde “reyes”, debió ser para alguien con su sensibilidad algo desesperante, agónico y deprimente.
Solo espero que haya vivido, como quería vivir; haya muerto como lo deseaba, en el pleno uso de sus facultades mentales, y sea recordado como le gustara, el glotón “gandalla” de la pecera verde o el fumado mas fumado de todos los peces dorados. Por eso me he tomado la molestia de dedicar estas cuantas palabras, a mi pez dorado suicida, que podríamos ahora decir que la palabra correcta para usar en este asunto es: PECIDIO.
FF
No hay comentarios:
Publicar un comentario