En una noche de invierno
me perderé en el agua de tus ojos,
en el cielo de tu cara, en tu piel,
en el roció de tus labios
y en tu sonrisa esmaltada.
Recorreré tu cuello,
delicada columna
que sostiene ese cielo,
hermoso cielo, mi cielo.
Bajare la mira a tus tersas montañas,
a la sierra de tu cuerpo,
delineare sus faldas,
ascenderé a su cumbres suaves.
Recorreré tus llanuras,
besare sus extensiones,
me extasiare con su aroma, con su tacto.
Bajare a tus prados,
me perderé entre tus pastizales,
me hundiré en tus riscos,
me perderé en tus cuevas, en tu humedad,
en tu oscuridad, profunda e interno.
Para recorrer con cuidado tus peñascos,
que se vuelven finos conforme bajo por ellos,
terminare el camino en tus huellas, en tus pies.
FF